Casa Grande: Desincentivando la inversión privada

Por: Juan Manuel Salinas Guerra

En el diálogo de sordos en el que se ha convertido la relación entre la municipalidad distrital de Casa Grande y la empresa del mismo nombre, la decisión del directorio de la azucarera de trasladar la construcción de una refinería hacia el hermano distrito de Santiago de Cao constituye una clarinada de alerta sobre lo que pueden esperar los inversionistas privados en Casa Grande.

La Constitución Política del Perú establece claramente que la generación del empleo y de la inversión se sustenta en la actividad privada, la misma que debe complementarse con la acción facilitadora y promotora del sector público. En otras palabras y como bien sabe el alcalde de Casa Grande, quien además es un exitoso empresario del sector lubricantes, los únicos que generan ingresos y por lo tanto renta son los agentes privados: personas y empresas. El Estado, en sus diversos niveles, gobierno central y gobiernos regionales y locales, es básicamente un gastador de recursos, de allí la importancia del rol promotor de las municipalidades frente a la inversión privada. Y promover significa facilitar, concertar impulsar, favorecer, apoyar, promocionar, algo que según se desprende de las declaraciones de Alejandro Navarro, no está haciendo la comuna azucarera.

Para el Grupo Gloria -y afortunadamente para la provincia de Ascope- cambiar la sede de la refinería será como sacar el dinero de un bolsillo para ponerlo en el otro, a fin de cuentas, la inversión se realizará de todas maneras en el valle Chicama. Está claro que mientras más empresas realizan actividades en un determinado distrito y/o provincia, se produce un dinamismo económico que beneficia a todos por el efecto multiplicador del gasto, la implementación y/o potenciación de pequeños negocios alrededor de la inversión y la atracción de más inversión de empresas conexas y complementarias. Por lo que, además de perder puestos de trabajo, utilidades e ingresos municipales vía impuestos, el distrito de Casa Grande pierde también la oportunidad de crear mayores sinergias económicas.

Asimismo, se debe tener en cuenta el largo plazo, el futuro que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos. El canon minero, que se constituye con el 50% de los ingresos por impuesto a la renta que pagan las empresas mineras, no es eterno. Los ingresos por este impuesto dependen del monto que las empresas  obtienen por utilidades, las que a su vez dependen del precio internacional del mineral, el volumen de producción y comercialización que alcance la mina. Dado que la explotación minera no es eterna, ¿qué pasara con los municipios cuando venga el tiempo de las “vacas flacas”, y el canon minero se reduzca a la mínima expresión o desaparezca?

El año pasado, la municipalidad distrital de Casa Grande recibió por canon y regalías mineras un total de 5 millones 468 mil 249.28 nuevos soles, que constituye casi el 26% de su Presupuesto Institucional Modificado (S/. 21´109,232.00). Es decir, más de la cuarta parte de la inversión en infraestructura que la comuna casagrandina ha realizado se debe a partidas que no siempre estarán disponibles. De allí el importante impulso que el Estado viene realizando con el propósito de fortalecer la gestión de los gobiernos locales para  volverlos más competitivos en la generación de ingresos directamente recaudados y, de ser posible, autosuficientes económicamente en un futuro en el cual se prevé la escasez de transferencias del gobierno central.

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